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Del códice perdido al ejemplo de bondad y amor dejado por San Francisco de Asís

Del códice perdido al ejemplo de bondad y amor dejado por San Francisco de Asís

En 2014, el historiador medievalista Jacques Dalarun, uno de los mayores especialistas en la vida de San Francisco de Asís, se encontró con un hallazgo tan inédito como inesperado. Todo comenzó con un correo electrónico: su colega Sean Field, historiador de la Universidad de Vermont, le avisó que un antiguo manuscrito, probablemente producido en la primera mitad del siglo XIII, iba a salir a subasta y podría interesarle. Dalarun había dedicado buena parte de su carrera a reconstruir la biografía del santo y sospechaba, desde hacía algún tiempo, que había existido una versión intermedia y abreviada de su primera biografía, conocida hasta entonces solo por fragmentos dispersos y que se creía perdida.

El medievalista no dudó en investigar de qué se trataba aquel códice. Era un pequeño manuscrito (120 x 82 mm, con 122 folios), con páginas hechas de pergamino de piel de cabra y una encuadernación frágil y deteriorada, lo que contribuyó al deterioro de los primeros y últimos folios. A pesar de su precario estado, fue posible identificar que el volumen contenía precisamente la obra que Dalarun y otros historiadores creían perdida: una de las primeras biografías (las llamadas Vitae, “vidas” en latín) de San Francisco. El texto había sido compuesto por Tomás de Celano, primer hagiógrafo oficial de la orden franciscana, a pedido de Fray Elías, entonces ministro general y compañero cercano de Francisco, probablemente entre 1232 y 1239.

Fuente: Bibliothèque nationale de France. Département des Manuscrits. NAL 3245

Antes de ella, solo la Vita Prima, escrita por el propio Celano en 1228-1229, era considerada el registro más antiguo. A lo largo del siglo XIII, otros autores (como Julián de Espira, los llamados Tres Compañeros y, más tarde, San Buenaventura) también narrarían la trayectoria de Francisco. El manuscrito reencontrado, que los estudiosos denominaron Vita Brevior (“vida breve”), es la segunda biografía más antigua que se conoce del Poverello d’Assisi, y el propio códice habría sido copiado por frailes, en la región de Asís, todavía en la década de 1230.

El texto aportó novedades, siempre en consonancia con lo que ya se sabía sobre San Francisco por otros registros históricos: el retrato de un hombre de vida sencilla, que hizo de la bondad, la humildad y el respeto un ejemplo dirigido a todas las criaturas. No por casualidad, es suyo el Cántico de las Criaturas, poema compuesto cerca del final de su vida en el que Francisco alaba la existencia por medio del “Hermano Sol” y la “Hermana Luna”, tratando como hermanos a todos los seres, humanos y animales, por compartir el mismo origen.

Uno de los pasajes del códice aporta detalles concretos sobre el voto de pobreza de Francisco. Habría remendado los agujeros de su propia túnica con fibras de corteza de árbol y hierbas que encontraba en el campo, como quien no poseía nada, ni siquiera una aguja para coser. El manuscrito también vuelve a presentar el comienzo de su camino de una manera más concreta que las versiones consagradas: no como una conversión gradual, sino como un cambio abrupto ante la miseria ajena, vivido por un joven comerciante que se compadecía de los pobres que encontraba.

Dalarun y otros investigadores se movilizaron para evitar que el manuscrito se dispersara entre colecciones particulares y para que, en cambio, fuera adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia (BnF). Pocas semanas después, todavía en 2014, el volumen pasó a integrar el acervo de la institución, registrado bajo la signatura NAL 3245, y se convirtió en objeto de estudio de medievalistas de todo el mundo.

San Francisco, Peter Paul Rubens  – Art Institute of Chicago 

Más allá del códice reencontrado, la vida de San Francisco fue registrada en otros manuscritos antiguos que, a lo largo de los siglos, ayudaron a preservar su testimonio de sencillez y amor al prójimo. Muchos de los episodios más recordados provienen de esas fuentes.

Uno de ellos, narrado por Celano, ilustra su sensibilidad hacia todas las criaturas al describir a Francisco predicando mientras una bandada de golondrinas gorjeaba sin cesar, impidiendo que se lo oyera. Él les habría pedido silencio hasta terminar de hablar. Y, para asombro de los presentes, las aves se aquietaron.

Ese mismo respeto lo llevó a un gesto considerado osado para su época. En 1219, en plena Quinta Cruzada, Francisco atravesó, desarmado, fronteras en conflicto, ante la ciudad sitiada de Damieta, para encontrarse con el sultán de Egipto, al-Malik al-Kamil, una de las mayores autoridades del mundo islámico de entonces. En medio de una guerra santa, Francisco eligió el diálogo respetuoso en lugar de la espada. Según registros posteriores, habría pasado algunos días en compañía del sultán, quien le ofreció valiosos presentes, que Francisco rechazó por coherencia con la vida sencilla que había elegido. La excepción habría sido un pequeño instrumento de viento de marfil, que San Francisco consideró útil para reunir multitudes para la predicación y que aún hoy se conserva en la Basílica de Asís. A pesar de todos los riesgos, Francisco habría regresado de Damieta llevando un mensaje de paz y fraternidad entre los pueblos.

San Francisco ante el sultán de Egipto Malec-el-Kamal, de Zacarías González Velázquez (Museo del Prado)

Ocho siglos después, cuando se conmemoran los ochocientos años de su muerte, tal vez sea esta una de las razones por las que San Francisco permanece tan vivo en la memoria de la humanidad: haber sido el ejemplo de aquello que predicaba. En una época marcada por conflictos, pobreza y tantos otros problemas sociales, hizo de la humildad, la fraternidad y el respeto al prójimo un camino de transformación, que dejó huellas en su tiempo y atravesó los siglos. Los hallazgos recientes no cambian la historia de San Francisco, pero ayudan a hacerla más cercana. Entre páginas antiguas y relatos preservados a lo largo de los siglos, reaparece Francesco, no solo como la figura reverenciada, sino como aquel que eligió la sencillez, que remendaba su propia túnica con hierbas del campo y veía, en cada persona y en cada criatura, a un hermano.

DALARUN, Jacques; JOHNSON, Timothy J. The Rediscovered Life of St. Francis of Assisi. Saint Bonaventure: Franciscan Institute Publications, 2016.
DALARUN, Jacques. La vie retrouvée de François d’Assise. París: Éditions Franciscaines, 2015.
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CELANO, Tomás de. Vida de San Francisco (Vita Prima), c. 1229. En: Francis of Assisi: Early Documents, vol. 1. Nueva York: New City Press, 1999.
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BIBLIOTHÈQUE NATIONALE DE FRANCE. “NAL 3245 — Recueil franciscain”. Catálogo BnF Archives et manuscrits. Disponible en: https://archivesetmanuscrits.bnf.fr/ark:/12148/cc998871.
“Un manuscrit franciscain retrouvé (NAL 3245)”. BnF — página web institucional. Disponible en: https://www.bnf.fr/fr/un-manuscrit-franciscain-retrouve-nal-3245.

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